16. Oktober 2011
http://artemexicocontemporaneo
by Ian
El arte contemporaneo en México
Arte tradicional VS arte actual, la crítica y el perro que se muerde su propia cola.
Aceptemos pues que Minera acierta al cuestionar la “nostalgia” de los jóvenes, pero no al hablar del no querer ver al “futuro” pues lo que ella llama ver al “futuro” es una opción de herramientas que el artista puede o no aceptar en la búsqueda de un arte que hable de su propia actualidad. Igual de obsoletos son cientos de performance que cuestionables los intentos hiperrealistas de llevar la técnica al extremo sin valores conceptuales, pero como se puede negar los avances de artistas que se entienden a sí mismos como integrales, usando herramientas del conceptualismo y poniéndolas al servicio de la pintura y viceversa, ahí se tiene a Bill Viola bebiendo no solo de una tradición religiosa sino de una estética pictórica, pero quién niega que Gottfried Helnwein ha alcanzado, en la pintura realista un espacio donde lo conceptual y la técnica hacen un equilibrio en obras de múltiples lecturas, que funcionan además como una crónica de nuestro tiempo. Bacon y Freud nunca fueron descalificados, prueban ambos que la búsqueda plástica no ha terminado y corresponde a la complejidad del pintor la complejidad de la obra, y a un equilibrio con su técnica la elaboración de poderosas respuestas plásticas a cuestionamientos contemporáneos. ¿Daría lo mismo que fueran una fotografía?
1. Robert Hughes, el instinto por la belleza.
El 25 de abril de 1874, el periodista Louis Leroy en un artículo sobre la primera exposición del grupo expresionista dice:
¡Ah!, ¡aquí está, aquí está!- Reconozco el favorito de papa Vincent. ¿Qué representa esta tela? Veamos el libreto. Impresión, sol naciente. Impresión, estaba seguro. Yo mismo me lo decía: puesto que estoy impresionado, debe de haber impresión ahí dentro... Y, ¡qué libertad, qué soltura en la factura! ¡El papel pintado en su estado embrionario está aún más acabado que esta marina!
Opiniones como esas, las históricas burlas a autores impresionistas, post impresionistas, dadaístas, cubistas, surrealistas, etc. le han dado una mala fama a la crítica de arte.
Conmemoramos (por ejemplo) las obras de Manet, no solo por su originalidad y maestría, sino porque en su momento, fueron objeto tanto del escarnio público como de las críticas de la época, es decir, los artículos desarrollados por críticos profesionales fueron devastadores y destructivos, hechos no solo para establecer un punto de vista, sino para anular la carrera del artista criticado.
Esta visión negativa del crítico no es necesariamente un fenómeno contemporáneo, recordemos el pleito Miguel Ángel vs Pietro Aretino, que, aún cuando el término “Crítico de arte” no estaba bien definido, este último cumplía la función de hablar bien o mal de un autor, siempre y cuando el artista a juzgar tuviera a bien otorgarle el suficiente tributo, cosa que no siempre sucedía, lo que provocaba los airados comentarios en contra del insensato que no recompensara a Aretino, incluso se dice que el poeta mando a grabar en su propia tumba:
Aquí yace Pietro Aretino, poeta toscano,
que de todos hablaba mal, salvo de Dios,
excusándose diciendo: "no lo conozco".
Este tipo de actitud es la que la gente piensa cuando se habla de un actual crítico de arte, un ser oscuro y siniestro que, en una pequeña máquina de escribir a la cual se le atora continuamente la tecla “E”, vomita su ponzoña sobre los siempre inocentes e incomprendidos artistas a los cuales la historia les hará justicia, probando que la crítica se equivocaba y que, en efecto, ellos tenían razón al seguir sus instintos sobre determinada tendencia técnica o visual.
No obstante, no solo existe en la memoria colectiva la visión negativa del crítico, menos conocido y quizás injustamente olvidado, nos encontramos con otras figuras históricas (no siempre por su labor critica) que no solo han ido en contra del flujo general de la diatriba, sino que han puesto en riesgo sus propias carreras a la hora de defender una obra, una corriente o un autor en sus exploraciones artísticas, ejemplos que se me vienen a la cabeza son las criticas de Baudelaire, airadas y poderosas a favor de sus compañeros de correrías, Oscar Wilde “El crítico como artista” provocando continuamente tanto por sus textos como por su actitud cotidiana, Goethe inspiradísimo certificando la validez de los Turners más atrevidos, aquellos que la critica denunciaban como el ocaso de otrora gran maestro ingles.
La critica ya no es lo que era en esos tiempo, no es suficientemente poderosa para terminar con un autor (quién sabe si lo fue alguna vez) si el mercado ya ha definido su validez como artista, pero si tiene el alcance para catapultar a algún personaje a círculos más “intelectuales”, validando su obra como algo más que arte decorativo.
Vale la pena recordar lo que sucedió en la exposición “No lost love” de Damien Hirst,en la que el polémico inglés volvió a la pintura, según las palabras del comisario Christoph Vogtherr:, "para ser reconocido" y "a obtener la aprobación del público", cosa que solo sucedió parcialmente, pues, como en ninguna ocasión anterior en los tiempos actuales, la critica inglesa se mostró, uniformemente de acuerdo en la pésima calidad de la mencionada exposición, con expresiones tales como: “endebles y monocordes” (Sarah Crompton, Daily Telegraph), “obra de un adolescente” (Adrian Searle, The Guardian, ) o frases como: "si no fuese por su fama, los cuadros de Hirst no se exhibirían en la Wallace" (Adrian Searle, The Guardian). La feroz arremetida de la crítica no bastó para que las pinturas de Hirst no fueran adquiridas a precios exorbitantes, y lo que es más, para que dichas obras, o al menos parte de ellas, se exhibieran en galerías a nivel internacional, (importante mencionar que México fue uno de esos lugares donde la obra de Hirst se exhibió con bombo y platillo en su galería habitual, la Hilario Galguera bajo el nombre de “Dark trees” en el 2010).
No descalifico la obra plástica de Hirst, solo señalo el curioso fenómeno de la crítica unida contra un artista y la repercusión real que tuvo contra la obra del mismo.
Bajo este panorama, es que yo aventuraría la pregunta: ¿Cual es el valor real de la crítica en el panorama actual del arte? ¿Existe algún modo de llegar a una respuesta al respecto?
Fuera de los círculos artísticos (quién sabe si dentro es distinto), es apenas un puñado de nombres los que se conocen como representantes importantes de esta actividad. No hablemos de la poca especifica línea que separa críticos periodísticos de literarios o ensayistas sobre teoría del arte, incluso es muy popular la tesis de que estos han sido reemplazados por los curadores, los cuales, al tener como prioridad la venta de la obra o el autor, poseen criterios muy poco profesionales, cuando no, inconscientes o incluso pendencieros, sobre el verdadero valor “artístico” de determinada exhibición. Pero ¿Por qué hay esta idea en la cabeza de no pocas personas? Precisamente, por el accionar de críticos que han instituido la posibilidad de una sobrevaloración artística, en piezas que no necesariamente tienen estas cualidades, es decir, el aprovechamiento de la “ignorancia” del público como una posibilidad válida.
Este discurso no es nuevo, ya en 1925, Laszlo Moholy Nagy , en su ensayo “Teatro, circo, variedades” nos decía:
“Estaría bien dejar claro de una vez por todas que la despreciada masa –a pesar de su “atraso académico “demuestra a menudo los instintos y preferencias más saludables. “
El arte actual no tiene la preocupación de Nagy para con el público, rápidamente se desentiende del atraso que implicaría hacer arte para la “masa” y, si bien utilizando sus recursos como lo hace el arte kitsch, se proclama una expresión intelectual tal que, no puede detenerse a la explicación de su propia naturaleza, avanzando a pasos acelerados, tan acelerados como los pasos con los que según sus artistas, avanza la actualidad.
En este contexto es importante la figura categórica de un crítico aun en activo como el Australiano Robert Hughes. (28 de julio de 1938, Sydney, Australia), un regordete personaje cuya labor podemos dividir entre sus libros sobre arte y artistas, artículos periodísticos, y una serie de documentales donde alaba la pintura de Freud y ataca, con aparente desfachatez, a autores como Koons, Hirst, Warhol y demás representantes de lo que él llama “carroñeros de imágenes”.
Robert Hughes, en una acción tan acertada que no me atrevería a decir si fue el quién la ideo o bien la BBC de Londres, lanza, en un documental de cerca de una hora, la secuela a su libro “El impacto de lo nuevo”, donde él mismo analiza sus propias visiones de lo que sería el arte los siguientes 25 años. Sin admitir errores, Hughes ataca inmisericorde las figuras de Hirst y de Koons, de hecho, a este último le hace pasar un mal rato al pedirle que le explique el sentido de sus obras; en contra parte, Hughes recorre la obra pictórica de artistas como Paula Rego y Lucien Freud para aterrizar su propio discurso de la pintura viva y evolucionando en el arte actual, valida y poderosa, algo así como “Freud Rulz, Koons Sucks”
En un documental que me parece posterior (no me atrevería a afirmarlo) Robert Hughes hace un análisis de lo que catapulta a autores como Koons a la cima de la venta de arte, adjudicando esto a los grandes mercados cuya compra venta de obra y permanencia de autores es solo una estrategia para asegurar el precio en alza de las obras, idea planteada también por el documental: ““El Arte de Especular” La Burbuja del Arte contemporáneo” conducido por Ben Lewis, critico británico de arte quién, con una exhaustiva serie de entrevistas, nos lleva al gran “fraude” (En sus palabras) que son las casas de Subastas como Sothebys, y la manipulación que hacen ricos empresarios internacionales para mantener inflados los precios de los artistas de moda.
En conjunto, estos tres documentales tienen sus buenas vistas en Youtyube, (Algunas miles incomparables a las millones de vistas del nuevo video de Lady Gaga o del gatito que se ríe, pero si se va a ver bien, el encontrar dichos documentales ya implica un deseo de encontrarlos y una búsqueda más o menos consciente), y varias reproducciones en diversos canales como el History Chanel, BBC, Canal 2, Cadena 3, y en México, las siempre útiles transmisiones inesperadas de canal 11 o 22, esto sin mencionar las múltiples descargas vía Megaupload, Rapidshare, etc.
Hasta ahí, un documental más, nada de qué preocuparse y muy poco atractivo al lado de otras cosas que ver en la televisión o Youtube, sin embargo, estos documentales valen por otra razón que por la influencia directa que podrían tener sobre el “mundo del arte”. Robert Hughes principalmente, haciendo uso de todo su peso como crítico artístico, ha puesto un dedo en:
“ Una llaga ya casi cicatrizada, como es el conflicto “arte tradicional y el contemporáneo o conceptual”. (Me remito al artículo “Y, sin embargo, es arte” de Lilian Bañuelos y Lorena Peña Brito: http://revistareplicante.com/artes/arte/y-sin-embargo-es-arte/ )
Validando, desde una perspectiva profesional y experimentada, la duda de la persona común respecto a lo que “realmente es arte” y, dándole valor a la incredulidad del público en general.
O lo que es lo mismo “¿Por qué eso es arte, si solo es un Urinal?” VS “Me da “Hueva” esa discusión ya superada” (Esto último, frase de la performancera Lorena Wolffer).
Bajo una táctica sumamente efectiva, como es respaldarse en su avanzada edad y por tanto en su experiencia y su carácter como testigo directo de la evolución del arte, Robert Hughes habla de la decadencia de gran parte del arte actual, no solo por su relación de “prostitución con el mercado”, sino por su falta de oferta original y la reutilización de recursos vistos con anterioridad, por ejemplo, en el intro del mencionado documental “El impacto de lo nuevo…” Hughes, de modo lapidatorio nos dice:
“Hoy las obras de arte más controvertidas no relatan los horrores de la guerra, sino las fobias personales de los artistas, solo hay que acudir a una gran muestra de arte contemporáneo como la bienal del museo Whitney de New York para ver que todo es demasiado pretencioso, los artistas buscan impactar con un golpe inmediato, cualquier cosa que llame la atención, cualquier cosa para decir, aquí estoy, he llegado, soy diferente, sea lo que sea se trata de causar un efecto inmediato, imágenes fácilmente comprables y vendibles… el problema es que si vives lo suficiente y estas en una cultura de recuperación, al final nada es nuevo, es como pensar que el arte occidental comenzó con Andy Warhol.”
A primera vista, esta frase de inicio pareciera proponer que Hughes se define enemistado con el arte actual, no es este o aquel artista sino la “bienal del Whitney” y los artistas de hoy, postura que probablemente desanime a todo defensor del arte actual de ver el resto del video, que, sin embargo, termina con un curioso epilogo donde Robert Hughes (A mi parecer un poco tarde) da su visto bueno a una pieza “dura” de la instalación artística, la pieza en cuestión es:
The Weather Project de Olafur Eliasson, (turbinas de la galería Tate Modern en Londres, 2003.). Con palabras de Hughes:
“Cientos de lámparas de monofilamento suprimieron todos los colores excepto el amarillo, arrojando una luz dorada al oscuro espacio, espesado con maquinas de Niebla, bajo un techo lleno de espejos, la gente se tumba en el suelo mirándose a si misma reflejada en ese techo, iluminada por la débil luz amarilla de su nuevo Dios Sol, el éxito del Weather Project, con sus dos millones de visitantes, demuestra que el ansia de novedades en el mundo del arte, es más fuerte que nunca, la idea de la experiencia estética proporciona una comprensión trascendente, resume el concepto del arte, cumple una necesidad humana y a pesar de la decadencia, la confusión y el desorden, el deseo de experimentarlo, de vivir con ello y aprender de ello, sigue siendo inmortal."
Robert Hughes no va en contra del arte actual por consigna, sino por su falta de novedad y “experiencia estética” que caracteriza a algunos de sus principales exponentes, su falta de arriesgo estético en pos de la formula inmediata que creé una impresión, aunque esta impresión, se evapore tan rápido como el recuerdo de la obra.
Pero qué hay de aquellos artistas que proponen una reflexión intelectual compleja en obras de escaso financiamiento en comparación al Weather Project (¿Cuanto cuesta una lámpara de ese tamaño?) se pueden medir con la misma vara que a Lucien Freud y a Jeff Koons, o requieren de una revisión que profundice en los orígenes de sus obras para entenderlas como lo que se proponen; ¿Que hay por ejemplo del performance?
3. A la búsqueda de Rembrandt.
En sus estudios sobre las distintas etá´s, Vasari comenta a modo de reflexión:
“El estudio, cuando se dedica a lograr la perfección, "reseca la marea", ejemplificando del siguiente modo con la obre de Uccelo:
“…el trabajo de Uccelo fue propio de un "genio original e imaginativo, pero desperdició talento y fuerza trabajando en la perspectiva". "Ya que, aunque estos estudios (es decir, la perspectiva) son meritorios y válidos en sí mismos, aquél que se consagra a ellos sin medida… agota su intelecto y debilita la fuerza de su concepción, hasta tal punto que con frecuencia disminuye la fertilidad y veracidad de sus recursos convirtiéndolos en estériles e ineficaces.”
Habría que preguntarnos si esta advertencia de hace más de 500 años no debería de ser producto de una nueva lectura, para hallarnos que precisamente, muchos de los artistas se hallan en esta segunda etá, no solo exponentes de las artes tradicionales, sino incluso de las artes conceptuales, y que si bien, los estudios sobre la perspectiva han sido reemplazados por otros, son igualmente desgastantes para artistas con un extraordinario potencial, pero que el perfeccionamiento de determinad a técnica, terminan por dejar de lado lo que les podría conducir a la creación de una obra válida en todo aspecto del arte, o bien al contrario, aquellos que en la investigación de temas específicos, se alejan cada vez más del arte cayendo en terrenos de la filosofía, la estadística, la ciencia o la antropología, razón por la cual, sus resultados responderían con mayor eficacia en estos campos específicos, pero que en el área del arte, constantemente producen resultados que no corresponden a la profundidad de su investigación o razonamiento previo.
Con motivo de la exposición “Los Nuevos grandes maestros” llevada a cabo en las instalaciones del museo “El Centenario”, en San Pedro Garza García, Nuevo León, la ya mencionada Avelina Lesper hace un comentario positivo respecto a la labor de jóvenes pintores emergentes (algunos de ellos ya en galerías importantes), que se dan cita bajo el discurso de la pintura figurativa como un valor real e indiscutible en el arte actual. Cada cual con su propuesta, presentan obras señaladas puntualmente por Lesper con frases del tipo:
“…”maestros” determinante para separar a los aficionados que se autodenominan artistas a priori de los verdaderos creadores.”
(Disponible en: http://avelinalesper.blogspot.com/2011/07/nuevos-grandes-maestros.html )
En contraparte, la critica María Minera, escribe en la revista “Letras Libres” el artículo: “Artistas del placebo” (http://www.letraslibres.com/revista/artes-y-medios/artistas-del-placebo?page=0,1 ) donde tilda a estos mismos autores de hacer arte obsoleto y retrograda, con frases como: “esos artistas que no consiguen, o no quieren, adoptar el nuevo vocabulario y permanecen dándole vueltas a la manera anterior”.
Me ha parecido interesante esta ocasión para hablar de un punto que he mencionado con anterioridad, esto es, cuando los rencores personales y las descalificaciones de una disciplina afectan el dictamen completo de una exhibición.
Por ejemplo, en el caso de Lesper, al inicio del artículo menciona:
“…Hablar hoy de “Nuevos Maestros” es una responsabilidad porque todos son maestros. Vemos en los espacios expositivos juguetes, detritus, papel arrugado y mojado, videos sin sentido, y la curaduría, museos y galerías los anuncian como gran aquí y ahora del arte… todo está en un rango de igualdad que lo ahoga en la monotonía. La pintura, el dibujo y la escultura son marginados de los espacios expositivos porque en ellos todo es condenable…”
Ya de inicio, Avelina Lesper amenaza con la validez de los pintores por el simple hecho de serlo, justifica un título a lo menos pretencioso y aprovecha para establecer su superioridad sobre el arte conceptual, una postura válida pero que condena, como veremos adelante, la objetividad de la exposición, que si bien, puede resultar un balde de agua fresca a los que están hartos del arte conceptual, no se escapa de una cierta autocomplacencia muy similar a la que mueve a los artistas conceptuales a validar sus propias obras y exposiciones.
Por el otro lado, y como una clara alusión a la crítica de Lesper, María Minera responde (Al menos ahora sabemos que los críticos leen a críticos) de la siguiente forma:
·”…Lo que preocupa es que haya jóvenes que no se tomen siquiera la molestia de asomarse al futuro, sino que elijan, de entrada, quedarse atrás… Esta nueva escolástica parece pedir algo más que un regreso a las formas clásicas. Aquí hay otra cosa: ¿nostalgia por la ortodoxia? ¿Cómo puede un joven tener nostalgia de nada, por dios? ¿Miedo a la libertad? ¿A equivocarse?...”
Descalificación de un genero como formula valida de crítica artística, ¿Pero ambas criticas son obsoletas? ¿No se puede aprender algo de ellas?
Es obvio que la reacción de un artista ante cuestionamientos tan graves como los de Minera provocan un repliegue hacía el mismo grupo que valida su estilo, recurso también utilizado por los grupos conceptuales, sin embargo, es cierto que el desarrollo de Minera es menos complaciente (Si bien, muy poco objetivo) que la crítica de Lesper, quién en su afán de validar la pintura como arte superior, hace breves comentarios positivos de cada pintura otorgándoles valores distintivos como si se tratara de condecoraciones militares.
La exposición de Jóvenes Maestros, en efecto revela un grupo de artistas que han optado por la pintura figurativa como herramienta, pero también revela que, incluso entre ellos, hay algunos que comprenden la importancia de una obra de arte integral como búsqueda para la pintura tradicional, así pues, a pesar de estar en el mismo espacio de exhibición, la superioridad de algunos autores es obvia en una lectura incluso superficial, por ejemplo, Los Colibríes de David Meraz palidecen al lado de Rolando Sosa o del realismo de Rafael Rodríguez, no hay comparación, he aquí el gran error de la exhibición, se ha entendido como norma para catalogar a estos “grandes maestros” la técnica de los pintores, dejando de lado la labor conceptual de la pintura, esto es, lo que debería de señalarse al defender la pintura en el arte actual, su labor conocida y olvidada como un arte tanto conceptual como técnico, capaz de interpretar reflexiones intelectuales a través del idioma de la plástica.

David Meraz
Rolando Sosa
Rafael Rodríguez
María Minera nos dice:
“Y si lo que queda es solo el aspecto, y ese aspecto puede alcanzarse por otros medios, digamos, una fotografía o un video, entonces da más o menos lo mismo que sea o no una pintura o una escultura tradicionales…”.
¿No era esta otra llaga ya cerrada?. No se pinta por la búsqueda del aspecto, se pinta por la pintura como un motivo, un concepto con implicaciones personales, se tiene que entender la pintura como un elemento en sí mismo, al margen de lo representado, sin embargo, si el pintor tiene como prioridad el desarrollo técnico, es entonces que el pintor incurre en un error, la imitación del Rafael o del Rembrandt, es tan valiosa y cuestionable como la imitación del Duchamp, los grandes pintores históricos no lo fueron solo porque su técnica fuera necesariamente la mejor de su tiempo, sino por su capacidad intelectual para romper esquemas y transgredir los límites de la propia pintura, el realismo tiene los recursos de cientos de años de evolución, la intención de la innovación es lo que provoca de inicio la búsqueda de un arte que vaya más allá del arte que, aunque magistral, no ofrece sino satisfacción estética, que no intelectual.
Aceptemos pues que Minera acierta al cuestionar la “nostalgia” de los jóvenes, pero no al hablar del no querer ver al “futuro” pues lo que ella llama ver al “futuro” es una opción de herramientas que el artista puede o no aceptar en la búsqueda de un arte que hable de su propia actualidad. Igual de obsoletos son cientos de performance que cuestionables los intentos hiperrealistas de llevar la técnica al extremo sin valores conceptuales, pero como se puede negar los avances de artistas que se entienden a sí mismos como integrales, usando herramientas del conceptualismo y poniéndolas al servicio de la pintura y viceversa, ahí se tiene a Bill Viola bebiendo no solo de una tradición religiosa sino de una estética pictórica, pero quién niega que Gottfried Helnwein ha alcanzado, en la pintura realista un espacio donde lo conceptual y la técnica hacen un equilibrio en obras de múltiples lecturas, que funcionan además como una crónica de nuestro tiempo. Bacon y Freud nunca fueron descalificados, prueban ambos que la búsqueda plástica no ha terminado y corresponde a la complejidad del pintor la complejidad de la obra, y a un equilibrio con su técnica la elaboración de poderosas respuestas plásticas a cuestionamientos contemporáneos. ¿Daría lo mismo que fueran una fotografía?
Francis Bacon
Gottfried Helnwein
Bill Viola
Pero también cuestionemos los valores que reclamamos absolutos, hay tan grandes fraudes en el arte conceptual como en la pintura, como en la música y el teatro, fraudes funcionales que a fuerza de promoción son aceptados como ciertos, no todo performance conmueve o aburre, y es gracioso pensar que Gustavo Monroy este al nivel de los grandes pintores mexicanos, pero no es descalificando en base de un prejuicio personal que se llegará a una crítica madura, sino analizando los valores reales que proponen los artistas y revisando su originalidad o propiedades únicas de su obra.
Existe una ostensible falta de respeto y una evidente autocomplacencia por parte de críticos y artistas, la falta de auspicio y la ilusión de apoyos que no llevan a ningún lado, han provocado fracturas en una ya debilitada comunidad artística, la falta de apertura de todas las partes se vuelve evidente en la condescendencia de unos y la soberbia de otros. La cerrazón de espacios oficiales a disciplinas por el hecho de ser tradicionales o conceptuales, acrecientan lo que algunos piensan una llaga ya casi cerrada, en este contexto, es que autores como Jishai Jusidman son una rareza en el mundo del arte, pues nos ofrecen una posibilidad poco explotada en el tiempo actual, esto es, la búsqueda del arte integral, aquel que aprende, que no descalifica y que no pierde el piso sobre lo que busca, un arte que hable con un idioma valido sobre el tiempo vigente, donde la crítica ha perdido el interés de hablar sobre el arte de forma objetiva.
Nos movemos entre genios, autoproclamados o proclamados por el mercado, genios técnicos con poca apuesta conceptual y genios conceptuales con una pobre propuesta física, el arte se vicia cada vez más, en una idea elitista para intelectuales que hablan con metáforas de una sociedad, misma que no alcanza a entender que hablan de ella, genios del pincel que se pierden en la búsqueda de la técnica en vez de reutilizarla para darle una perspectiva nueva a la plástica heredera de la pintura tradicional (me niego a creer que no se puede pintar nada nuevo), nos movemos entre talento dudoso y nos impresionamos sin saber bien porque lo hacemos, es aquí que la crítica debería de ayudarnos a entender, en vez de adoctrinarnos sobre lo equivocado que estamos o lo que nos debe gustar debería, como dice Hughes, ayudarnos a entender “lo bueno, lo malo, y la importancia de saber la diferencia”.
Necesitamos otros herederos de Robert Hughes, con carácter, con agresividad, pero también con la suficiente humildad de aceptar que no todo es bueno o malo, con la experiencia para hablar y la habilidad para justificar sus opiniones en base a argumentos reales, y con una visión más abierta del arte actual, necesitamos más críticos dispuestos a criticar a sus amigos, a darle crédito a artistas que no les agraden. También necesitamos más artistas dispuestos al riesgo, a apostar a lo grande en la disciplina que prefieran, artistas que quieran innovar y cambiar las cosas, que respeten a sus contemporáneos sin importar su disciplina y que juzguen solo en base a los verdaderos valores artísticos que ostenten las obras, que aprendan de la actualidad y de la tradición, que busquen el arte integral que provoque conocimiento y reflexión intelectual, pero que proporcione la admiración que da la belleza, aunque cuando sea esa belleza de lo terrible. Arte que sorprenda, que enseñe, que aporte al desarrollo humano.
Necesitamos espacios que juzguen obras anteponiendo los valores artísticos a los posibles valores monetarios, en efecto, necesitamos una utopía, pero mientras no hagamos siquiera el intento, mientras miremos con condescendencia obras contrarias a las nuestras o a nuestros gustos, mientras no exista respeto, lo que tendremos será un perro que muerde su propia cola.
by Ian




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